Nos  habíamos montado en el bus que nos llevara a San Pedro de Atacama a las 16:00 del sábado, no es el mejor plan para un sábado y menos cuando te esperan 18 hasta tu destino. Cuando despierto el autobús rueda por la Panamericana sobre un mar de tierra con olas petrificadas. Estoy alegre de ver el desierto, me siento bien y feliz.  El sol está saliendo e inunda todo creando unas sombras alargadas. Jaime duerme en el asiento de, abrió los ojos y somnoliento miro por la ventana, tras un rato  sin decir nada, me miro y me hizo un gesto de afirmación con el dedo gordo. Desayunamos plátanos y algo más que habíamos comprado en alguna parte del camino. Y al rato, caemos en la cuenta de que es domingo y no tenemos resaca.

San Pedro es un pequeño pueblo situado en la frontera de Chile con Bolivia y Argentina. Se encuentra situado en medio del desierto de Atacama y desde casi toda su área se puede ver el volcán Licancabur. Cuando nos bajamos del  bus y comenzamos a caminar por sus polvorientas calles, entre sus casa de adobe, nos damos cuenta que estamos muy lejos de Valparaíso, esto es el norte profundo, los rasgos de la gente son mas duros y mas marcados. Encontramos un Hostal muy cerca de la plaza por solo 10 euros, la habitación es compartida, pero será para nosotros solos ya que no llegara nadie en todo el día.

Mientras Jaime está chequeando Internet yo estoy en el patio central al aire libre sentado en un banco, escribiendo en mi diario mientras fumo. Justo en ese momento acaba de llegar un chico francés al hostal, pasa por delante de mí, lo saludo pero él me ignora con prepotencia y se dirige hablando francés a otro grupo que está sentado al lado mío. Salimos en busca de alguien que nos lleve desierto queremos hacer un par de excursiones. Nuestra intención es pasar un par de días en San Pedro y partir después para Bolivia cruzando el Salar de Uyuni. Después hablar con la gente nos damos cuenta que si queremos cruzar el altiplano y llegar hasta le salar no podemos quedarnos mucho tiempo en San Pedro . A sí que decidimos quedarnos solo un día y visitar el Valle de la luna.

Una furgoneta  sale desde la plaza de San Pedro hasta el parque nacional. Cuando bajamos estamos en medio de la nada. Comenzamos a caminar detrás del guía por una especie de cañón. En el silencio se escucha como la sal adherida a las rocas se expande por el calor. Parece como si esas rocas que han tardado miles de años en adquirir formas imposibles estuvieran hablándonos. Tras recorrer durante unas horas los puntos más significativos del valle de la Luna llegamos a lo alto de un anfiteatro natural de piedra y roca, desde el que podemos apreciar la inmensidad del valle.  Hay bastantes turistas que se disponen a lo largo del anfiteatro buscando un sitio para ver la puesta del sol. Busco un lugar en el que pueda sentarme y estar tranquilo para contemplar el espectáculo que viene.

El volcán Licancabur aún está iluminado. Regresamos a San Pedro y conseguimos con mucha suerte un hueco en un jeep para cruzar el altiplano al día siguiente. Ceno y cansado pero satisfecho por encontrarme en medio del desierto, me voy a dormir.

Este post pertenece al viaje realizado por Chile en Noviembre de 2010