Hablemos de los Ángeles, la ciudad del La La Land.

Iba al cine a ver otra película  pero resulto ser que no era posible así que acabe metido en “La La Land” He de reconocer que no me hacía especial ilusión y que no hubiera ido por mi propio pie, no soy  un entusiasta de los musicales, y la historia , bueno, ya la hemos visto otras veces.

Aunque finalmente no se dio tan mal la experiencia, sobre todo por la historia de amor, la historia de amor a la ciudad de Los Ángeles, una historia de amor estilo a la de Alex Holdridge en “Buscando un Beso de Media Noche.  No hablaré de las espectaculares coreografías, ni los exquisitos planos y tomas, los colore de “La La Land”, voy hablar de su personaje principal, la ciudad de L.A.

Cuando en 2007 reservé un vuelo para comenzar una ruta por Estados no tenía ninguna ilusión especial en ir a LA, pero como aeropuerto de llegada a la costa oeste era económico. La gente con la que hable sobre LA me la habían ido quitando la idea de pasar más de uno o dos días, con frases prototipo del estilo, “no es una ciudad para ver, no tiene nada, hay que ir en coche a todos los sitios, no hay nada que hacer…”

Por suerte se equivocaron, cuando aterrice en LA y desde el primer momento sentí algo especial por esa ciudad. Sentí una ciudad norteamericana con personalidad propia, única, el cine, sentí la mezcla de culturas, había algo, no sé muy bien explicarlo que la hace especial, la luz supongo, la misma luz necesaria para hacer cine, la eterna primavera, la tierra prometida para los refugiados norteamericanos de 1930.

Y si, puede que no tenga largas avenidas repletas de gente y cosas como New York, ni emblemáticos edificios, pero tiene grandes autopistas que atraviesan la ciudad, las auténticas avenidas de América, donde podrás ver  mientras avanzas lentamente en un atasco la mezcla de individuos que esta ciudad te brinda. Tiene diminutas casa de una o dos plantas de no mas de 50 metros cuadrados… Vale puede que si vives allí no sea divertido, pero como viajero, turista o como visitante, llevado con calma tiene su gracia.

La ciudad de Los Ángeles no se ve, se vive, se disfruta, se conduce, se come, se bebe y se baila, es la ciudad de la vanidad, del cine, de la extravagancia.  Con su casas tan estilo LA, pequeñas de una o dos habitaciones en esas calles vacías y lejos de todo. Con su cielo azul y sus playas llenas de niebla, con su asfalto ardiendo, con sus colinas verdes y su desierto acechando.

Pero hay una imagen grabada en mi memoria sobre mi visita a LA. Recuerdo perfectamente tomar el desvío en la autovía, Mullholland Drive, comenzar a subir por la sinuosa carretera y de repente aparecer allí. Allí mismo  Donde Sebastian y Mia bailan con LA como telón de fondo.

Bienvenidos a La La Land. Aquí nacen los sueños.

_MG_8820

bruce-willis

_MG_8716

_MG_8657

_MG_8588